jueves, mayo 31, 2007

EDUARDO SUBIRATS es Profesor de Filosofía, Estética y Literatura, en la actualidad en la Universidad de Nueva York.
En la página de OPINIÓN del diario EL PAIS de 30 de mayo publica el artículo "Estrellas literarias y clérigos", que comienza de la siguiente manera:

"Definir el papel público del intelectual a comienzos del siglo XXI significa reconocer su gloria por todas partes celebrada. Quiere decir también preguntarse por su ostensible ausencia pública. Incesantemente se aplauden, se exhiben y se premian intelectuales. En muy pocos lugares se oye, sin embargo, su voz frente a las guerras y al empobrecimiento masivo de la población mundial, frente a la destrucción ecológica global o al escenario mediático de la masx electrónica; frente al vacío de nuestro tiempo histórico.
La paradoja de un intelectual elevado a los cielos del espectáculo cultural por los mismos medios que lo enmudecen frente a los grandes dilemas universales de nuestro tiempo se desprende directamente de los constituyentes de la aldea global, de las industrias culturales y de la organización corporativa de la educación y el conocimiento."...

Pues éso: " menos samba e mais... "

lunes, mayo 07, 2007

De un tiempo a esta parte el paisanaje de mi pueblo anda un tanto convulso por el caso, de todos conocido, de la prevista obra en el entorno del Castillo de Luna.
Para animarles a dialogar y a limar asperezas, les envío los siguientes versos que, con fecuencia, recuerdo desde la distancia:
--EL ANCIANO DE VERONA--

Felíz quien vivió en los campos paternos
y se hizo anciano en la casa donde fué niño.
Quien apoya el bastón donde anduvo a gatas
y en la misma casa vió tres generaciones.

No lo arrastró la Fortuna en su tempestad
a beber en otras fuentes, huésped de su extravío.
Ni siendo mercader temió al mar ni soldado
la trompeta
ni sufrió las reyertas del foro.

Sin conocer el mundo ni el pueblo más cercano
disfruta del más amplio horizonte.
Su edad se cuenta por las cosechas, no por
los cónsules
y sabe de los frutos en otoño y de las flores en mayo.

En su finca nace y muere el sol cada jornada,
ese sol que le señala las horas en su rumbo.
Es para él su Verona como la India más remota
y el río Bénaco lo mismo que el Mar Rojo.

Viajen otros a Iberia y arriben a Celama.
Suyo será el viaje, pero él tendrá más vida.

(Claudio Claudiano.-)

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