
Yo formaba parte de la tropa -la troupe- que llegaba al recóndito pueblecito enarbolando las ilusiones de los aldeanos.
Con toda la firmeza del mundo bajábamos del camión nuestros archiperres y el puzzle, poco a poco, iba tomando sentido.
La gente nos miraba atónita -¿qué será este trasto, para qué servirá aquello otro?- y dudaba de nuestra cordura y de que fuéramos capaces de poner orden en todo aquél batiburrillo.
Probábamos luces, surgía un ¡oh! atónito entre los concurrentes y, sin solución de continuidad, se escuchaba una copla de Carlos Cano o un "barrunto" de Acetre y ya podíamos considerarnos los héroes del lugar:
-¡Funciona! ¡Éstos desharrapados con bermudas y pelos largos han dado con la tecla y las luces se encienden y la música suena...!
¡Qué ilusión! ¡Y qué contento estaba todo el mundo a nuestro alrededor!
Podían ser dos o tres días, hasta una semana entera de idas y venidas en las que todo el pueblo participaba de nuestra concelebración: un día, folklore popular; al siguiente, teatro amateur -el animoso grupo local-. Al tercer día cantautor de la zona y otro día más dedicado a discoteca popular con karaoke...
Qué se yo... una semana entera de vida y de jolgorio que daba fuerzas y recuerdos para cuando las fatigas del tomate o de la vendimia.
Una madrugada, mientras devolvíamos nuestros trastos a su secreta guarida, sentí en el alma un pinchacito de cansancio y de tristeza: miré alrededor y las luces y banderolas de la Plaza ya no me parecieron multicolores, sino de un gris apagado y adormecido.
Ni siquiera recordaba haber advertido -como otras tantas veces- los parabienes y los saludos agradecidos de los lugareños.
--Debo volver a casa -me dije-: hace tiempo que mi mujer ya no se pinta los labios cuando me espera. Y mis niños se han vuelto adolescentes sabios y ya no me preguntan cómo se programa el ordenador...
-Para M.J. Andrada-


1 Comments:
¿Qué bueno que volviste,che!
Si tardas tanto tiempo perdemos la costumbre de seguirte: adelante y no te cortes. Kiss.
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